Zas mueve cosas —archivos, fotos, texto— entre tus dispositivos y la gente que elijas, y después se corre del medio.
Enviás algo desde un dispositivo, lo usás en otro, listo. Sin cables, sin enviarte mails a vos mismo, sin un chat con vos que crece para siempre. Lo que no fijás se va solo, así no queda nada que ordenar después.
Los mensajeros están hechos para conversar: lo que te enviás queda en un chat interminable, las fotos se comprimen y tus archivos viven en sus servidores. Zas envía el original, dentro del límite que muestra la app y sin comprimir. Lo cifra antes de subirlo y lo borra cuando se le acaba el tiempo.
Esos son depósitos: guardás, ordenás carpetas, administrás cuota y pagás por conservar todo para siempre. Zas es un pasillo: las cosas pasan, se usan y se van. Nada que organizar, nada que se acumula. El contenido se cifra en tu dispositivo antes de viajar.
Todo se cifra en tu dispositivo antes de salir. La base de datos y el almacenamiento reciben bytes cifrados, no nombres de archivo, contenido ni vistas previas en claro. Un servicio separado deriva las llaves de cuenta, por eso Zas no llama a este diseño cifrado de punta a punta. En los links públicos, la llave está después de # y una solicitud normal no la envía al servidor.
Sí. Compartís una cosa con un link público que muere cuando la cosa muere, o compartís un canal entero con alguien. El contenido sigue cifrado mientras se almacena y viaja.
Porque el aparato que las envió marcó que puede haber una clave adentro. Esa lectura pasa en el aparato que envía, antes de cifrar, y la marca queda sólo dentro de los datos cifrados del envío: el servidor no la guarda como un campo legible. Tocás la nota y se destapa; al cambiar de canal o volver a la pestaña se tapa de nuevo. Es contra el que mira por encima del hombro, nada más. Una nota sin marca se muestra normal, y eso no quiere decir que no tenga una clave. Podés apagar las tapas en Ajustes.
Abrí zas.red en la computadora y empezá una sesión. Escaneá su código QR con el teléfono, o enviate el link de la sesión: los dos aparatos quedan en la misma sesión. Elegís el archivo en el teléfono y aparece en la computadora para bajarlo. Funciona en los dos sentidos, sin cable, sin cuenta y sin instalar nada. Para archivos grandes, Directo los envía de un navegador al otro mientras los dos están abiertos, sin guardarlos en el medio: hasta 5 GB sin cuenta y 10 GB con una cuenta gratis. Todo se cifra en tu dispositivo antes de salir.
Para ese trabajo, sí. No hace falta cuenta, y el archivo se cifra en tu dispositivo antes de salir: el servidor guarda sólo datos cifrados. Se borra solo a los 2 días, o a los 5 con una cuenta, salvo que lo fijes. AirDrop llega a otras marcas sólo en algunos teléfonos Android. Zas envía archivos entre cualquier teléfono, sea de la marca que sea, y también a una PC o a una pestaña del navegador, sin instalar nada del otro lado.
No para empezar. Abrís zas.red y ya podés pegar o soltar algo. Sin cuenta, cada cosa dura 2 días y la sesión guarda hasta 30 MB. Para que duren más y tener más espacio, entrás con Google, Apple o un código por mail. Hay apps de Android e iOS si las preferís, pero el navegador alcanza.
Depende del tamaño. Guardado, un archivo gratis llega hasta 50 MB y espera a que lo bajen. Para algo grande, Directo lo envía de un navegador al otro mientras los dos están abiertos: hasta 5 GB sin cuenta y 10 GB con una cuenta gratis, sin guardar nada en el medio. No pide tarjeta ni suscripción. Todo se cifra en tu dispositivo antes de salir.
Sí, en cualquier combinación. Zas funciona en el navegador de los dos teléfonos, y también hay apps de iOS y Android si las preferís. AirDrop llega a otras marcas sólo en algunos teléfonos Android. Zas envía archivos entre cualquier teléfono, sea de la marca que sea. No hace falta cuenta para empezar y el archivo se cifra en tu dispositivo antes de salir.
Sí. Abrí zas.red en los dos aparatos y ponelos en la misma sesión con el código QR o el link. Pegás un texto o un link en uno y aparece en el otro para copiarlo, sin cables ni enviarte mails a vos mismo. Lo que no fijás se va solo, así no se acumula un historial. Todo se cifra en tu dispositivo antes de salir.
Para ese trabajo, sí. AirDrop sólo une aparatos Apple; no existe en Windows y llega a Android sólo en algunos teléfonos. Zas funciona en el navegador, así que une un iPhone, un Android, una PC con Windows o Linux y una Mac, en cualquier combinación, sin instalar nada del otro lado. Para archivos grandes, Directo los envía de un navegador al otro mientras los dos están abiertos, sin guardar nada en el medio. No hace falta cuenta para empezar y el contenido se cifra en tu dispositivo antes de salir.
LocalSend y Snapdrop sólo funcionan si los dos aparatos están en la misma red Wi-Fi; fuera de ahí no se ven. Send Anywhere te deja enviar a cualquier lado, pero guarda tus archivos en sus servidores. Zas hace las dos cosas: Directo envía de un navegador al otro aunque estén en redes distintas, device a device, sin guardar nada en el medio; si no logran conectarse, un relay pasa los bytes cifrados sin quedarse una copia. Y lo que sí se guarda se cifra en tu dispositivo antes de salir y se borra a los cinco días. Funciona en el navegador, sin instalar nada ni crear cuenta para empezar.
AirDrop no existe en Windows, así que para esto no sirve. Con Zas abrís zas.red en el navegador del iPhone y en el de la PC: no instalás nada de ningún lado ni usás cable. Para un archivo grande, Directo lo envía de un navegador al otro mientras los dos están abiertos, hasta 10 GB, sin guardar nada en el medio; si los aparatos no se alcanzan, un relay pasa los bytes cifrados sin quedarse una copia. No hace falta que los dos estén en la misma red Wi-Fi ni crear cuenta para empezar. Lo que sí se guarda se cifra en tu dispositivo antes de salir y se borra a los cinco días.
Lo que se guarda se cifra en tu dispositivo antes de salir; al servidor llegan bytes cifrados. No es de punta a punta, y no lo decimos como si lo fuera: para una cuenta, un servicio del lado del servidor ayuda a derivar las claves. Con Directo el archivo va de un navegador al otro, y si no se alcanzan, un relay pasa los bytes cifrados sin quedarse una copia: no se guarda nada, salvo que la conexión directa sea imposible, y ahí una copia cifrada de 24 horas hace de puente. Todo vence: cinco días por defecto, dos si no tenés cuenta, y podés pedir menos, hasta un día. Para lo más sensible, podés hacer que algo se borre apenas lo abren del otro lado. Vencido es vencido: no hay papelera ni forma de recuperarlo.
No. Lo que enviás se cifra en tu dispositivo antes de salir, así que al servidor le llegan bytes cifrados: ni nombres de archivo, ni títulos, ni contenido, ni vistas previas en claro. No hay nada legible que entrenar. Zas tampoco vende tus archivos ni los pasa a terceros para publicidad, y todo se borra solo a los cinco días (dos si no tenés cuenta). Es lo contrario de dejar tus cosas en un depósito que las guarda y las lee: Zas es un pasillo, no un depósito.